José Asunción Silva

 

INTIMIDADES

 

Tomado de: Silva, José Asunción: Poesía y prosa con 44 textos sobre el autor.
Edición a cargo de Santiago Mutis Durán y J. G. Cobo Borda. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1979.

 

Nota de la publicación digital:
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TABLA DE CONTENIDO

Las ondinas
Suspiro
Sub-umbra
Fragmento
Edenia
Adriana
Aurora
Huyamos de Soloña
Realidad
A una enferma
Las noches del hogar
A Adriana
Humo
Melancolía
Fragmento de una carta
El primer canario
Infancia
Los demasiado felices
El sepulcro del bosque
De G.A. Bécquer
Crepúsculo
La roca
La góndola negra
La abuela y la nieta
A un ateo
Alas
La hermana de la caridad

 

Del Libro Lírico

Paseo por las rocas
Lied
En el álbum
¿Recuerdas?

 


INTIMIDADES

 

LAS ONDINAS

En la región oculta de las ninfas
El sesgo rayo a penetrar alcanza
Y alumbra al pie de despeñadas linfas,
De las ondinas la nocturna danza.

Diego Fallon.
(La Luna).

Es la hora en que los muertos se levantan
Mientras que duerme el mundo de los vivos,
En que el alma abandona el frágil cuerpo
Y sueña con lo santo y lo infinito
...................................................................
Vierte la luna plateados rayos
Que reflejan las ondas en el río
Y que iluminan, con sus tintes vagos
Los medrosos despojos de un Castillo.
Todo es silencio allí, do en otro tiempo
Hubo bullicio y locas alegrías...
¡Pero mirad! Son vaporosas sombras
Las que en la oscura selva se deslizan.
¡Ah! No temáis no son aterradores
Fantasmas de otros tiempos -son ondinas;
Mirad como se abrazan y confunden
Cómo raudas por el aire giran,
Apenas tocan con el pie ligero
Del prado la mullida superficie.
Ya se avanzan... girando en la espesura
O se sumergen en las ondas límpidas;
Y al compás de una música que suena
Como el lejano acorde de una lira
Elévanse, empujadas por el leve
Viento que sus cabellos acaricia...
Pero callad... alumbra el horizonte
Con sus primeros tintes nuevo día,
Y las sombras se pierdan al borrarse
Del bosque entre las húmedas neblinas.

 

SUSPIRO

a A. de W.

Si en tus recuerdos ves algún día
Entre la niebla de lo pasado
Surgir la triste memoria mía
Medio borrada ya por los años,
Piensa en que fuiste siempre mi anhelo
Y si el recuerdo de amor tan santo
Mueve tu pecho; nubla tu cielo,
Llena de lágrimas tus ojos garzos;
¡Ah! No me busques aquí en la tierra
Donde he vivido, donde he luchado,
¡Sino en el reino de los sepulcros
Donde se encuentran paz y descanso!

 

SUB-UMBRA

a A .de W.

Tú no lo sabes... mas yo he soñado
Entre mis sueños color de armiño,
Horas de dicha con tus amores
Besos ardientes, quedos suspiros
Cuando la tarde tiñe de oro
Esos espacios que juntos vimos,
Cuando mi alma su vuelo emprende
A las regiones de lo infinito
Aunque me olvides, aunque no me ames
Aunque me odies, ¡sueño contigo!

 

FRAGMENTO

¿Qué importa que la vida, en desiguales épocas
Se deslice entre lágrimas,
Que como un débil hilo se rompa de repente
Si aún os queda el alma?...
El alma que bien pronto remontará su vuelo
A más puras regiones
Y os llevará más lejos que van nuestros murmullos,
¡Que van nuestros dolores!
¡Mirad! sed como el ave que un solo instante posa
Sobre la débil rama,
Que siente que se rompe y sigue sus canciones
¡Sabiendo que tiene alas!...

Victor Hugo
(Chants du crépuscule).

 

EDENIA

Melancólica y dulce cual la huella
Que un sol poniente deja en el azul
Cuando baña a lo lejos los espacios
Con los últimos rayos de su luz
Mientras tiende la noche por los cielos
De la penumbra el misterioso tul.

Süave como el canto que el poeta
En un suspiro involuntario da,
Pura como las flores entreabiertas
De la selva en la agreste oscuridad
Do detenido en las musgosas ramas
No filtra. un rayo de la luz solar.

Mujer, toda mujer ardiente, casta
Alumbrada con luz de lo ideal...
Radiante de virtud y de belleza
Como mi alma la llegó a soñar,
¿En sus sueños de cándida ternura
Así la encontrará?

 

ADRIANA

Double virginité
Corps où rien n'est immonde
Ame où rien n'est impure.

Víctor Hugo
(Feuilles d'automne).

Noble como la cándida adorada
Del inmortal poeta florentino,
Corona de la frente inmaculada
El dorado cabello
Que sobre el hombro flota en blondos rizos,
Perdida en el espacio la mirada
Como se pierde en su conjunto bello
La de aquél que contempla sus hechizos.

Hay infinita luz que reverbera
En el azul de sus divinos ojos
Cual de limpio zafiro en los cristales.
Una expresión de majestad serena
De pudor y recato virginales
Vela la gracia de sus labios rojos,
y es ,a la vez misterїoso encanto,
¡Lumbre, murmullo, vibración y canto!

Su voz tiene las notas armoniosas
De la del ave que en blando nido
De su impotencia de volar se queja,
Llena de suavidad, llena de calma
Su cariñosa frase siempre deja
Una estela de perlas en el alma.

Tiene la delicada transparencia
De las húmedas hojas de las lilas
Y ni una leve mancha en la conciencia
Y ni una leve sombra en las pupilas.

Es una reunión encantadora
De lo más dulce que la vida encierra
A los rosados rayos de la aurora
Hecha, del aire en los azules velos,
Con lo más delicado de la tierra
¡Y lo más delicado de los cielos!

 

AURORA

Cuando en las noches pálidas de luna
Cerca de tu ventana -una por una-
Me cuentas tus hermosas ilusiones,
Cuando de tu mirada soñadora
El rayo como lumbre de una aurora
Ahuyenta mis enjambres de visiones;

Cuando reclinas blanda la cabeza
En mi hombro y disipas mi tristeza
Y me acompañas en mis locos sueños,
Cuando de la ventura en el exceso
Sellas mi dicha con ardiente beso
De tus labios rosados y risueños-

Entonces como el náufrago -que asido
De una frágil tablilla- va perdido
Y recuerda la plácida ribera
Mientras la oscura noche negra y fría
Y la inmensa extensión muda y sombría
Y el tempestuoso mar halla doquiera

Y que ve serenarse el horizonte
Y destacarse el azulado monte
Sobre la claridad de áureo celaje
Y aparecer -en vaga lontananza
Lleno de luz, de vida y de bonanza-
Primaveral, bellísimo paisaje,

Entre las sombras de la vida mía
Se levanta la luz de un nuevo día
Sin albor ni crepúsculo indeciso...
¿En la mirada de tus negros ojos,
En el aliento de tus labios rojos,
Quién no sabrá forjarse un paraíso?

 

HUYAMOS DE SOLOÑA

[Au poéte] Mérante.
(De Victor Hugo).

I

Amigo, ven y contemplemos juntos
Los bosques inocentes,
Son de grato descanso para el alma
Las mañanas campestres!
París sombrío y triste a cada instante
Sus quejidos exhala,
Convulsivo se agita -y en su cielo
Crecen nubes extrañas,
Y torna en fuerza de siniestras leyes
A un peregrino estado.
Se aproxima al gañán por el fastidio
Al monstruo por lo malo.

 

II

Ya estoy yo bien -Ven tú- que es en la sombra
Donde tomamos fuerza
Esta Soloña es un país hermoso
Que los ensueños pueblan.
Las sencillas historias de las viejas
Y las cruces de mayo
Han dado vida en el oscuro bosque
A mil fantasmas vagos.
En las torcidas puertas de las chozas
Se sientan los romances,
Viejecitos enanos que nacieron
Cerca de los hogares.
Los elfos con los husos se divierten
Jugando en las ninfeas
Y las hadas habitan estos bosques
Cual las aves la selva.
Los cuentos -Vagos hijos de las chozas
A orilla del camino-
Encuentran y aprisionan con las manos
Los gnomos en sus nidos.
Los fuegos fatuos que de vivas luces
Y de sombras se hacen
Brillan después en las cortezas rotas
De los añosos sauces
Los juguetones faunos se divierten
Bajo la mesa antigua
En acercar los pies de los amantes
Con sus dedos de encina.
Ocúltanse los duendes por la noche
En los viejos castillos
Y les sirven los lagos de Soloña
De espejos cristalinos.
En las riberas verdes los nenúfares
Me contemplan a solas,
Las flores, dulces vírgenes semejan
Y doquier brilla el alma de las cosas.

 

III

Deliciosa es la selva. El alto cielo
Adquiere nuevo brillo,
En la bondad de Dios viven los hombres
Y germinan los trigos.
Miro bajo la sombra majestuosa
De las viejas encinas,
El aire perfumado y las sabanas
Están llenas de vida.
No conmueve mis pasos el silencio
De la callada selva;
Más rüido que el hombre el viento hace
Entre las hojas secas.
Cuando por la mañana todavía
Confusamente sueño
El alba con su luz aurea y rosada
Ilumina ya el cielo.
"Amigo -dice el fresco bosquecillo-
El día hermoso nace"
y las moscas cautivas me despiertan
Al tropezar del cuarto en los cristales.

 

IV

Ven, lejos del rüido y las catástrofes
Aquí bajo las sombras
A juntar al murmullo de las aguas
¡El son de tus estrofas!
Ven conmigo -El estanque solitario
También es un poema,
Si nuestros pechos guardan amarguras
Misterio el lago encierra.
Como las voladoras golondrinas
Las sonoras estanzas
En los ocultos charcos de los bosques
Suelen mojar las alas.
Empapados en llanto de las selvas
En gotas de rocío,
Aparecen los dulces espondeos
Del maestro Virgilio,
De las ignotas islas, de las fuentes
De los tilos y cañas
Brotan idilios nietos de Títiro
Y de su dulce flauta.
Segrais huésped de Pan, en un descanso
Hizo un libro sereno
En que brincan las ranas inquietas
De la octava al soneto.
Mientras Racan a su Babet cantaba
Entre la navecilla
Las palomas torcaces de los picos
Dejaban caer rimas.
y yo con mucho gusto miraría
Vagar en la frescura
De una égloga, martines pescadores
Sobre tus frases húmedas.
...................................................................
El estanque confunde y poco a poco
En el misterio mezcla
El sonoroso verso alejandrino
Con una flor nueva.
Y el estilo refréscase al mojarlo
En aguas saludables
En cuya orilla juegan los espíritus
Bajo de los juncales.
Ven y verás cuál brotan en tus versos
Aunque no lo desées
Junto a las grandes habas florecidas
Las largas cañas verdes.

 

REALIDAD

a M...

En el dulce reposo de la tarde
Cuando al ponerse el sol en occidente
Su luz dorada, de la vida fuente,
Como una hoguera en los espacios arde,
O de la noche en el silencio umbrío
Cuando la luna con fulgor de plata
Alumbra a trechos el sonante río
Y en sus límpidas ondas se retrata,
Entre las sombras de la vida hay horas
En que la realidad que nos circuye
A detener el ímpetu no alcanza
De nuestra alma que a lo lejos huye
Y a la región de lo ideal se lanza...

Y entonces cuando pienso en tus amores
Nuestras dos vidas deslizarse veo
No cual la realidad que aja sus flores
Sino cual la ilusión de tu deseo.
No por las conveniencias separados,
Soñando tú conmigo, yo en tus sueños,
Sino juntos los dos en los collados
De la Arcadia risueños;
Asidos por las manos a lo lejos
Buscando el fin de la campiña amena
A los pálidos rayos de la luna.
O del ardiente sol a los reflejos,
Dejando trascurrir una par una
Las no contadas horas venturosas
Que no mancha la sombra de una pena
Libando amor... y deshojando rosas...
Del verdor y del musgo en lo sombrío
Ocultos en lo ignoto del boscaje
Radiante aún de gotas de rocío
De virgen fuerza y de vigor salvaje;
Sentados a la orilla del torrente
Tú escuchando los ecos del follaje
Yo acariciando -trémula la mano-
Tus rizos al caer sobre tu frente...
...................................................................
Otras veces trayendo a la memoria
Los fantasmas de un tiempo ya pasado
Junto con ellos cual sencilla historia
Los ideales de tu amor soñado.
Y es entonces un gótico castillo
De altivas torres de musgosas piedras
En cuyo muro gris crecen las hiedras
Teatro de nuestro amor santificado.

Y en reducida y perfumada estancia
Cuyos tapices abrillanta y dora
El fuego de la antigua chimenea,
Juntos los dos oímos a distancia
Diciéndonos protestas de ternura
La voz del agua que al perderse llora
Y el viento que en los árboles cimbrea
Entre el silencio de la noche oscura.

O en frágil barca en plácida mañana
De lago azul flotando en los cristales
Con la mirada errante contemplamos
El cielo, la ribera, los juncales,
Y las nieblas que inciertas, vaporosas,
Van a perderse en la región lejana
Como se pierde la esperanza humana
O el postrimer aroma de las rosas.

Mas cuando el alma en sus ensueños flota,
La realidad asoma de improviso
No más resuena la encantada nota...
Brotan espinas do la rosa brota,
Y en crüel se torna el paraíso.

Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos
Para vivir por siempre separados,
Que no es una la senda que seguimos
Y que la lumbre que cercana vimos
Fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa
Con los paisajes de ideal que miro
En el fondo del alma lastimosa
Para tu dulce amor -niña piadosa-
Para tu dulce amor surge un suspiro.

 

A UNA ENFERMA

¿Conque te vas también? ¿conque estás débil?
¿Conque el aliento de vivir te falta
Y a buscar vas para tu cuerpo enfermo
El aire puro, las campestres auras?
Pues mira, que en las tardes melancólicas,
En el puro fulgor de las mañanas,
En las húmedas nieblas que se tienden
Como velas al pie de las montañas,
En los cielos azules de diciembre,
En la verdura do las aves cantan,
En los dulces poemas que murmura
Bajo las frescas sombras la cascada
Que al chocar en las piedras se convierte
En leves hilos de intangible plata,
Encuentres nueva vida, que devuelva
Roseo color a tus mejillas pálidas,
Venturosas sonrisas a tu boca
Y sueños infantiles a tu alma.

 

LAS NOCHES DEL HOGAR

Gutiérrez Nájera.

Regresar fatigado del trabajo
De la diaria fäena
E ir mirarse en lo hondo retratado
De sus pupilas negras
Cerca del rico piano -mientras vaga
Sobre las blancas teclas
Su mano de marfil- soñar despierto
Felicidad eterna.
A la luz de la lámpara brillante
Ver las rubias cabezas
De los risueños niños -de infantiles
Ilusiones llenos.
La mirada tender sobre la cuna
Que cual flor entreabierta
Entra sus hojas perfumadas guarda
¡Una existencia nueva!
¡Oh cuadro del hogar! oh perspectiva
Cariñosa y risueña,
Cuando en el paso por el falso mundo
Ancha herida sangrienta,
El desengaño abrió, cuando sentimos
Caer mustias y secas
De la primera juventud las rosas,
Qué mortal no desea
Dejar en tu silencio venturoso
Deslizar la existencia
Y guardar lo divino y delicado
Que el alma herida encierra
En tu seno feliz -como la concha
Lejos de las tormentas
Guarda en el fondo del movible océano
¡las nacaradas perlas!

 

A ADRIANA

Mientras que acaso piensa tu tristeza
En la patria distante y sientes frío
Al mirar donde estás, y el desvarío
De la fiebre conmueve tu cabeza,

Yo soñando en tu amor y en tu belleza,
Amor jamás por mi desgracia mío
De la profundidad de mi alma, envío
A la pena un saludo de terneza.

Si cuando va mi pensamiento errante
A buscarte en parajes de otro mundo
Con la nostalgia se encontrara a solas

Sobre las aguas de la mar gigante
Entre el cielo purísimo y profundo
Y el vaivén infinito de las olas.

 

HUMO

(De Th. Gautier)

Bajo los árboles viejos
Cuya sombra el suelo baña
Miro perdida a lo lejos
Una pequeña cabaña.

Todo en quietud allí vese,
La ventana no está abierta
Y el musgo grisoso crece
Sobre el umbral de la puerta.

Cual tibio aliento aromado
Que el frío condensa en nube
Humo tenue y azulado
En espiral de ella sube.

Del alma que allí reposa
Noticias a Dios le lleva
El humo que de la choza
En espirales se eleva.

 

MELANCOLIA

De todo lo velado,
Tenue, lejana y misteriosa surge
Vaga melancolía
Que del ideal al cielo nos conduce.

He mirado reflejos de ese cielo
En la brillante lumbre
Con que ahuyenta las sombras, la mirada
De sus ojos azules.

Leve cadena de oro
Que una alma a otra alma con sus hilos une
Oculta simpatía,
Que en lo profundo de lo ignoto bulle,

Y que en las realidades de la vida
Se pierde y se consume
Cual se pierde una gota de rocío
Sobre las yerbas que el sepulcro cubren.

 

FRAGMENTO DE UNA CARTA

"Cuando todo ha callado, en esas horas
En que despierta el alma adormecida
Y tornan a la mente halagadoras
Las más dulces visiones de la vida,

"Vuela entre oscuras sombras nocturnales
A la blanca mansión mi pensamiento
Se detiene un instante en los cristales
Por do filtra la luz a tu aposento,

"Besa las madreselvas trepadoras
Que abrazan circundando tu ventana,
Entre sus flores vaga encantadoras,
Que se abren a la luz de la mañana.

"Y a veces te contemplo arrodillada
Ante tu hermoso y santo crucifijo
Errante en el espacio la mirada,
El corazón en sus promesas fijo.

"Y escucho la plegaria misteriosa
Que en dulce ritmo, de cadencia breve
Desde tus labios de color de rosa
Vuela a sus brazos de color de nieve.

"¡Si pudiera sin traba hablar el alma,
Cómo fuera la voz del sentimiento,
Mas, ¡quién retrata de tu faz la calma!
¡Quién narra la frescura de tu aliento!
.........................................................
"Que sin extraño yugo que te oprima
Bajo la forma que su lumbre veda,
Adivine tu amor bajo la rima
El sentimiento que en alma queda.

"De la pasión en el poema santo
Unicamente te dijeran eso
Las almas al alzarse como un canto
¡Mientras los labios tiemblan en un beso!".

 

EL PRIMER CANARIO

(Poesía del hogar)

Con diversos objetos colocados
En la tabla de antigua rinconera
Teniendo bajo el pie ficticia rama,
Y ya no los dorados
Alambres de la jaula -en otros días
Testigos de su pena pasajera
Y de sus inocentes alegrías,
Calla y descansa, de algodón henchido
Por la mano de artífice extranjero
El canario primero
Que el paternal hogar lleno de encanto
Tal vez pensando en el lejano nido
Alegró con las notas de su canto.

¿Y vivió allí feliz? Nadie lo sabe
Tuvo alimento, luz, agua muy pura
Por horizonte el cielo,
Y todo lo demás que puede una ave
Codiciar en sus horas de desvelo
Con sus aspiraciones de ternura,
Pero quizás nublárase su vida
Con la nostalgia de la selva oscura,
Cuando mirando las cercanas flores,
Pasaba ante su vista distraída
El recuerdo feliz de sus amores.

Una jaula más blanca y más dorada
Que aquellas ilusiones infantiles
Que acarician una alma enamorada
Con la ternura de los quince abriles
Fue su primer morada,
Y miró desde allí, con alegría,
A la joven pareja que en la tarde
En la vecina estancia sonreía,
De su felicidad haciendo alarde
En la divina hora,
En que en roseo color baña el ambiente
y los lejanos horizontes dora
Con ambarina luz el sol poniente.

El compartió la atmósfera serena
De quietud y de amor en donde el alma
Lejos de la tristeza y de la pena
En una inmensa beatitud olvida
El malestar que le arrancó la calma
En la continua lucha de la vida,
Vio miradas besándose al hallarse
Oyó voces de tonos argentinos,
Confidencias de dos que al encontrarse
En una misma ruta fatigosa
Para siempre juntaron sus destinos,
Y gozó días risueños
Que fueron para su alma cariñosa
Grata condensación de sus ensueños.
Tranquila allí se deslizó su vida
Y una vez, sonreída
Vio la faz de su dueña cuidadosa
Con maternal cariño
Inclinarse amorosa
Sobre la frente pálido de un niño.

Luego vino la muerte
A poner fin a su dichosa suerte,
Y en una de esas tardes fastidiosas,
En que no dora el sol extrañas nubes
Fantásticas figuras dibujando;
Murallas rotas, alas de querubes,
Mares de fuego, blancas mariposas,
Y formas que se pierden agrandando,
En que la niebla -ensueño de tristeza
Extiende el ala gris humedecida,
Le abandonó la vida,
Doblegó la cabeza,
Y a la jaula, a la dueña y a las flores,
Les dio su postrimera despedida.

¡Quizás la brisa errante
Llevó su adiós postrero
Al través de las brumas de la noche
Al dulce nido de su amor primero,
Y a la musgosa orilla
Del claro arroyo que en la selva oscura
Vio deslizarse su niñez sencilla!

A veces por las noches conversamos
En la estancia tranquila,
De la risueña lámpara -la pura-
Y tibia luz rosada
No hiere la pupila,
Y la reunión calmada
Parece contemplar desde la altura
De antigua rinconera
Aquel canario que por vez primera
El paternal hogar, lleno de encanto,
Tal vez pensando en el lejano nido,
Alegró con las notas de su canto.

 

INFANCIA

G. G. G

Con el recuerdo vago de las cosas
Que embellecen el tiempo y la distancia
Retornan a las almas cariñosas,
Cual bandadas de blancas mariposas,
Los plácidos recuerdos de la infancia.

¡Caperucita, Barba Azul, pequeños
Liliputienses, Gulliver gigante
Que flotáis en las brumas de los sueños
Aquí tended las alas
Que yo, con alegría
Llamaré para haceros compañía,
Al Ratoncito Pérez, y a Urdimalas!

¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos
Donde la idea brilla,
De la maestra la cansada mano,
Sobre los grandes caracteres rojos
De la rota cartilla,
Donde el esbozo de un bosquejo vago
Fruto de instantes de infantil despecho,
Las separadas letras juntas puso
Bajo la sombra de imposible techo.
En alas de la brisa
Del luminoso Agosto, blanca, inquieta
A la región de las errantes nubes
Hacer que se levante la cometa
En húmeda mañana;
Con el vestido nuevo hecho jirones,
En las ramas gomosas del cerezo
El nido sorprender de copetones;
Escuchar de la abuela
Las sencillas historias peregrinas;
Perseguir las errantes golondrinas,
Abandonar la escuela
Y organizar horrorísona batalla
En donde hacen las piedras de metralla
Y el ajado pañuelo de bandera;
Componer el pesebre
De los silos del monte levantados;
Tras el largo paseo bullicioso
Traer la grama leve,
Los corales, el musgo codiciado,
Y en extraños paisajes peregrinos
Y perspectivas nunca imaginadas,
Hacer de áureas los caminos
Y de talco brillante las cascadas.
Los reyes colocar en la colina
Y colgada del techo
Las estrellas que sus pasos encamina,
Y en el portal el Niño-Dios riente
Sobre el mullido techo
De musgo gris y verdecino helecho.

¡Alma blanca, mejillas sonrosadas,
Cutis de níveo armiño,
Cabellera de oro,
Ojos vivos de plácidas miradas,
Cuán bello hacéis al inocente niño!...

Infancia, valle ameno,
De calma y de frescura bendecida
Donde es suave el rayo
Del sol que abrasa el resto de la vida.
Cómo es de santa tu inocencia pura,
Como tus breves dichas transitorias,
Cómo es de dulce en horas de amargura
Dirigir al pasado la mirada
¡Y evocar tus memorias!

 

LOS DEMASIADO FELICES

(De "Las Canciones de los bosques y de las
calles" de Victor Hugo
)
Cuando con una niña hermosa y pálida
Se ha ido uno tan lejos
Que solamente Dios, testigo mudo,
Domina las alturas de los sueños,
Cuando bajo de palios florecidos
En precipicio inmenso
De sombra, de amorosas languideces
Y de mudo silencio
Sucumbe su belleza; cuando, bajo
De naranjos espesos,
En una de esas noches luminosas
De plácido recuerdo
Dos bocas palpitantes
Se juntan en un beso,
Cuando el amante a su adorada le habla
Al oido muy quedo,
Cuando dos almas al fundirse sienten
Un desvanecimiento,
Desespera a los seres animados
Ese ensayo del cielo.
Sienten profunda envidia las encinas
Y los musgos dorados sienten celos,
Palpitan los estambres de las flores,
Las blancas nubes acaricia el viento,
Los pájaros que sufren
Con las brumas y ese antro del invierno.
Y aun los enjambres de aéreas mariposas,
Al levantar el vuelo,
Todo cuanto respira, vive o vibra
Reclama sus desvelos!...

 

EL SEPULCRO DEL BOSQUE

a R. de R.

A la sombra de un árbol muy añoso
Hay una cruz de piedra.
Que velan en abrazo misterioso
Zarzas salvajes y silvestre yedra.
Musgos oscuros la recubren, una
Rama le da sombrío,
Y a los pálidos rayos de la luna
Brilla en los toscos brazos el rocío.
Como sobre el tapiz rico del muro
De gótica capilla,
Se alza del bosque sobre el fondo oscuro,
Con noble gracia y majestad sencilla.
Deja el errante pájaro la sombra
Del árbol de que es huésped,
Y baja a revolar sobre la alfombra
Que a su pie tiende el florecido césped.
Del Miosotis, las flores azuladas,
Abren el leve broche,
Como a, una cita mística llamadas
Por los flotantes genios de la noche.
De un arroyo el ruïdo de las ondas,
Arrulla dulce y tierno,
Del que descansa allí bajo las frondas
Y la cristiana cruz el sueño eterno.
Y cabe aquel sepulcro abandonado
La gran naturaleza,
Agrupa con solícito cuidado
¡Verdeoscuras coronas de maleza!...

 

DE G. A. BECQUER

Asómate a mi älma
En momentos de calma,
Y tu imagen verás, sueño divino,
Temblar allí como en el fondo oscuro

De un lago cristalino.

 

CREPÚSCULO

(Charles Nodier).

Es la hora de misterio en que el labriego
Al resonar del Angelus el toque
Adiós que dice al moribundo día,
La campanada bronca,
En su casita blanca a lento paso
Humilde se recoge.
Es la hora en que las nubes del poniente
De fuego orlan las tardes,
En que el sol de los muertos ilumina
Los prados y los bosques,
Y el ángel del la tarde a Dios conduce
Las mudas oraciones,
Es la hora en que levantan de los lagos
Las nieblas sin colores,
Como del fondo oscuro del espíritu
Los coros de visiones
En que en féericos cuentos invocados
O en relatos informes
Toman a las estancias de los niños
Los duendes protectores,
Es la hora de dulcísima armonía
Y de, místicas, voces,
En, que al través de nieblas, y de brumas,
Ansiosa el alma torna
A los felices días de la infancia
Que pasaron veloces,
Es la hora en que la brisa entre los árboles
Tiene vagos rumores,
Es la hora en que la vida se adormece
Al beso de la noche.

 

LA ROCA

(De Maurice de Guérin)

Pequeñas cavidades
Hay en la cumbre de la inmensa roca
A cuyos pies acompasadas brotan
Sobre la playa las movibles olas.
Guardan allí las grietas estancadas
De la lluvia las gotas
Y a veces a beberlas se detienen
Las errantes bandadas de palomas.
Yo suelo por las tardes
Ir a la cima a sollozar a solas,
Mis lágrimas se mezclan con las aguas
Entre las piedras toscas.

¡Sueltas bandadas que al caer el día
Tendéis el ala entre las tintas roseas
Con que el sol al ponerse en occidente
Ilumina la atmósfera,
Jamás bebáis las aguas escondidas
En la gigante roca
Que mis lágrimas tienen la amargura
De las marinas ondas!

 

LA GONDOLA NEGRA

(Balada, italiana de R. Salustri,
Julio 10-1833
).

Vuela la barca por el mar ligero,
Hermoso caballero,
Y sonriente niña van en ella
Ninguno de los dos "te amo" murmura,
Pero él tiembla de amor, como la bella
Que parece una flor pálida y pura.

A la luz de la luna se dilata
La önda, y semeja movediza plata,
Rumor de besos júntase al ruïdo
Que al caer forma el remo
Y se escucha un murmullo parecido
Al de un adiós supremo.
Azul el mar... la góndola lejana...
La tierra en la extensión desparecía
En las playas oscuras.
A la primera luz del otro día
Encontró un pescador mudos y yertos,
A los amantes muertos
Con las manos asidas todavía.

 

LA ABUELA Y LA NIETA

Esa es la eterna ley -Así va unida
La tarde con la aurora de la vida
Cabe la cuna do sonriente vela
El dulce, ángel guardián, de alas de oro.
Contemplando a la nieta, su tesoro,
Con unción inefable está la abuela.

Ya por los años su cabello cano
Nada pide en la vida a la fortuna
Y ora entretiene la cansada mano
En arrullar con movimientos leves
A la niña dormida entre la cuna.

Así naturaleza cariñosa
Junta la frente, de color de nieve
Con la frente que al beso de la angustia,
Quedó por siempre oscurecida y mustia,
Los tintes opalinos de la aurora
Con los que el sol al ocultarse dora,
Las risas infantiles y la pena,
El prado verde y la desnuda cima,
La vejez que a la tumba se aproxima
¡Y la niñez purísima y serena!

Al través de las brumas de los años
Torna un momento a su niñez lejana,
Feliz edad de plácidos engaños.
Mientras sueña la niña ved una ave
Que la clara extensión, llena de vida,
Cruza en continuo movimiento suave
¡Entre la luz crepuscular perdida!

Cuando a la niña traigan los amores,
Enjambres níveos de ilusiones gratas
En los días de sol, ramos de flores
Y en las noches de luna, serenatas.
Cuando abra a los placeres la pupila
En brazos de la sombra y el misterio
La pobre anciana dormirá tranquila
En el cristiano y santo cementerio.

¡Oh! decid si en sus plácidas visiones
Algo miró vuestra alma, más risueño
Que la cuna do entonan sus canciones
¡Los sonrïentes ángeles del sueño!

 

A UN ATEO

(San Lucas, V. III).

A los pies del Señor suspira y llora
La hermosa pecadora,
La de voz argentina
La que hacía a los hombres con los besos
De las vivas miradas,
Soñar locos excesos
De carnes palpitantes y rosadas.
Lo noble de su cuna se adivina
Al ver su blanca frente
Como al mirar la perla nacarina
Brillar pálida y sola
Se piensa en la marina
Concha, en la espuma de la mar bullente
Y en las caricias mudas de la ola.

¡Llora, pobre mujer! deja la pena
Bañarte en triste llanto,
Cuando tras él, el alma se serena.
Oye a lo apacible canto,
Lleva ante el Salvador, tranquila y pura
Mística flor abierta
Sobre la arena del sendero oscuro
Por donde va la humanidad incierta,
Baña sus pies en bálsamo de nardos
¡Y a la esperanza tornan
Y al supremo dolor los pasos tardos!

La hermosa Magdalena
Al oír del Señor la voz sagrada
La frente alzó serena
Y la faz sonriente
Y vio nacer la lumbre deseada.
Entre la oscura sombra de su vida.

Cuando en tiempos mejores
Vieres tu sombra y busques luz, ateo
Do pedirás perdón de tus errores
Si está la inmensidad, callada, muda,
Si en tus horas de lucha de improviso
De tu fe rompió el ara
La descarnada mano de la duda.
Y destrozó ante el altar al Cristo.

 

ALAS

(H Gautier).

En el oscuro bosque
A donde va el camino
Por entre frescos prados perfumados
Hay un manantial límpido
Y en la orilla musgosa
Unos grandes helechos y unos tilos.
Todo convida a meditar y a amarse
En tan hermoso sitio;
Allí fueron los dos, la misma tarde
Del nupcial compromiso
Conversando muy bajo,
Mientras los rayos tibios,
Del sol, en occidente, iluminaban
El horizonte, con fulgor rojizo.

Se sentaron los dos en una piedra
Que cubierta de musgos amarillos
Bajo los altos árboles, parece
Gigante altar granítico,
Y oculto entre la sombra
De verde bosquecillo
Vieron negro, muy negro sobre el fondo
Brillante y ambarino
Del cielo luminoso de la tarde
Entre las ramas de un arbusto, un nido.

Entrambos se acercaron
Pisando secas hojas, sin ruïdo,
Como llega una madre cariñosa,
A la cuna de un niño,
Y al mismo tiempo vieron en el fondo
Tembloroso, quizás de hambre y de frío,
Entre la paja seca
Un pobre pajarito.
Sintió la bella lástima profunda
De allí lo alzó con maternal cariño,
Y desde aquella noche colocado,
De su estancia risueña en el recinto,
De sus castos amores
El fue mudo testigo,
Y recibió caricias
Y cuidados continuos
Hasta que una mañana fastidiado,
Emigró en busca del jaral nativo.

¡Gratitud, gratitud! ¿Ni en dulces aves
Encontraréis asilo?...
La mañana en el valle tiene ahora
La dulzura de un himno,
Vedle hermoso entre selvas seculares,
Y montes escondidos,
La brisa entre las alas
Húmedas de rocío
Mezclados al murmullo de las fuentes
Trae los cantos lejanos de los nidos.
Ved la campestre iglesia sombreäda
Por los oscuros pinos,
Hay allí bella fiesta, que hoy se unen
Aquellos dos amigos
Que en el bosque frondoso
Salvaron al errante pajarito.

El incienso en espiras se levanta,
Los, rayos matutinos
Del sol, penetran en la blanca iglesia
Al través de los vidrios,
Por la abierta ventana
Se ve lejos el cielo, azul y límpido
Con las líneas del pálido horizonte
Confundirse en un término indeciso,
Tiembla la dulce novia sonriente,
De una oración se escucha el vago ritmo
.........................................................
¡Hogar, hogar, ensueño de los que aman!
Hogar puerto bendito
Oasis de sombra y bulliciosas aguas
En medio de la arena del camino!
Por la ventana abierta
Entra, de pronto errante pajarito,
Se para sobre el hombro de la novia,
Es el ingrato, el mismo
Sonoro canto lanza
De notas leves y vibrantes píos

Un momento
En los altares níveos.
A la inmensa ventana
Retorna de improviso
Y allí levanta el vuelo, tembloroso,
Entre la luz primaveral perdido
.........................................................
¡Gratitud, gratitud, hasta en las aves
Encontraréis asilo!

 

LA HERMANA DE LA CARIDAD

En el hospicio, asilo de los huérfanos,
Ved a la hermana
Balanceando con mano cariñosa
La cuna blanca
Donde, ignorante de su suerte, un hijo
De ajena falta
Entre las ropas que el hospicio diole
Quieto descansa.
Hay en los hilos negros y sedosos
De sus pestañas
Gotas de llanto y en sus labios frescos
Una plegaria
Como en el cáliz de una flor abierta
Por la mañana
Suäve aroma, y temblorosas, leves,
Gotas de agua!
.........................................................
¡Oh! dime qué memorias cariñosas
Retoman rápidas,
Al través de las brumas de los tiempos
Y la distancia,
Algún amor por siempre abandonado,
Tu madre anciana,
Las risueñas campiñas y los prados
De tu Bretaña,
O las, perdidas para siempre, bellas
Costas de Francia!...
Arrulla en tanto con piadosa mano
La cuna blanca
Porque es alivio en las horas de tristeza
Sobre las pálidas
Mejillas de algún niño abandonado
Secar las lágrimas
Y disipar la abrumadora pena
Que agobia el alma
Aliviando con mano cariñosa
Penas extrañas.
Y jamás llores, que a tu patria eterna
Como una garza
Que rompe de los cielos del crepúsculo
Las nieblas vagas?
Diciendos ¡adiós! a su juncal, y vuela,
Hacia otras playas,
Bien pronto libre del endeble cuerpo
Irá tu älma!

 


DEL LIBRO LIRICO

 

(De "Les quatre vents de l'ésprit"
de Victor Hugo
).

PASEO POR LAS ROCAS

El agua da la espuma, la tierra da la arena,
Confúndense una y otra en el oscuro mar
Y un ruido misterioso velado de silencio
En el espacio inmenso alcanzan a escuchar.

Un niño canta a orillas del agua que murmura,
No hay grandes ni pequeños, que ¡oh Dios!quisiste tú
Poner entre el abismo y estos pequeños seres
Los mismos astros de oro y el mismo cielo azul.

La vida humana es triste mas su misión es bella,
Al cuerpo el alma lleva a ver la luz del sol,
Y el hombre es débil ave que vuela con dos alas
El pensamiento libre y el verdadero amor.

Serenidad sublime la dulce escena tiene,
La barca vuelve al puerto y al nido el ave va,
Todo en reposo queda y escúchanse a lo lejos
Rumores misteriosos de besos palpitar.

El viento que en la cima de la gigante roca
Doblega los juncales, se lleva la canción.
¡Oh viento que confundes entre tus amplias alas
Con otros vagos ruidos una amorosa voz!
¡No importa! Aquí [ ... ] 1 todo temblando
[.........................................................] 2
Y una quietud süave se extiende, se dilata
Desde el azul del mar

 

LIED

Extrañas melancolías,
Sueños de luz y de paz,
Tedio que deja la tierra,
Amor que a los cielos va.
Pensamientos que en bandadas,
A sus ventanas voláis
Como errantes golondrinas
¡Pasad! ¡pasad!
Helados son los brazos
De la fría realidad,
Lentas las amargas horas
De las noches de pesar.
Oscura el alma agitada
Como las ondas del mar,
Terrible la voz que dice
¡Callad! ¡Callad!
A los besos de ternura
Del codiciado ideal
Abre las hojas marchitas
La flor del alma quizás,
Entonces, versos sonoros
De nuevo a verla tornad,
En tanto, por siempre ocultos
¡Quedad! ¡quedad!

 

EN EL ALBUM

(Junto a los versos de un joven muerto
repentinamente).

Como la, luz rosada de la tarde
Al ocultarse el sol,
Como las nieblas vagas y argentadas
Sin forma ni color.
Como todo lo dulce de la vida
¡Así despareció!
Que a veces su recuerdo en largas horas
Sin goces ni dolor,
Vuelva un momento a visitar tu alma
¡Como un rayo de sol!

 

¿RECUERDAS?

¿Recuerdas? ... Tú no recuerdas
Aquellas tardes tranquilas
En que en la vereda angosta
Que conduce a tu casita
Plegaban a tu contacto
Sus hojas las sensitivas
Como al poder misterioso
Del amor tu alma de niña...
En la oscuridad pasaban
Las luciérnagas cual chispas
Que bajo la yerba espesa
Nuestros, dedos perseguían
¡Así también en las horas
De mis años de desdicha
Cruzaban por entre sombras
Mis esperanzas perdidas!...

¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
La cruz de mayo que hicimos
Con viöletas silvestres
Y con sonrosados lirios
Bajo el frondoso ramaje
De tu árbol favorito
Como una lluvia de perlas
Sobre blanco raso níveo
Brillaba por los [...] 1
En las hojas el rocío!
Y los pájaros cantores
Hicieron cerca sus nidos...
Después pasé una mañana
Y vi tu ramo marchito
Como mi pasión ardiente
Por tu infamia y tus desvíos.

¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
Más de esa noche amorosa,
La lumbre de tus pupilas,
El aliento de tu boca
Entreabierta y perfumada
Cómo un botón de magnolia,
Los murmullos argentinos
Del agua bajo las frondas,
El brillo de las estrellas
Y las esencias ignotas
Que derramaron los genios
En las brisas cariñosas,
Quedaron como una huella
Que el tiempo aleve no borra
¡ay! para toda la vida
Escritas en mi memoria!

¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
Pero yo, cuando levanta
El crepúsculo sombrío
Del fondo de las cañadas
Y las tristezas inmensas
De lo profundo del alma
Al pasado fugitivo
Tiendo la vista cansada
Y nuestra historia de amores
Hacia mí tiende las alas.

¡Cuando en las horas nocturnas
Cabe el esposo que te ama
Tu agitado pensamiento
Tenga segundos de calma
De aquella pasión extinta
¡Jamás te acuerdes, ingrata!

¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
La tarde aquella en que juntos
Bajamos de la colina,
Tus grandes ojos oscuros
Se anegaban en los rayos
Sonrosados del crepúsculo
Y tu voz trémula y triste
Como un lejano murmullo
Me hablaba de los temores
De tu cuerpo moribundo!
Si hubieras entonces muerto
Cómo amara tu sepulcro
Ahora, cuando te veo
Feliz gozar de tus triunfos
Tan sólo asoma a mis labios
Una sonrisa de orgullo!