PRESENTACIÓN


Como previamente anunciamos en estas páginas, este primer número del volumen 38 del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, correspondiente al primer semestre de 2011, será también de tema libre, pues el dossier se pospuso para el segundo número de este año, según se explicará más adelante.

Ateniéndonos a las secciones ya consagradas en la revista, contamos en este número con cinco artículos sobre Colombia, dos que estudian desde distintos ángulos la integración latinoamericana en el siglo XX, y tres debates, uno de corte teórico y los otros son una réplica a un ensayo previamente publicado en la revista y una respuesta a esa réplica.

Los procesos históricos del actual territorio colombiano son abordados, en primera instancia, por el profesor Rodrigo Santofimio, quien examina la labor evangelizadora de don Bartolomé Lobo Guerrero -tercer arzobispo del Nuevo Reino de Granada entre 1599 y 1609- desde la perspectiva de la sociología histórica crítica. Este enfoque le permite escudriñar con más riqueza los procesos de aculturación, sincretismo religioso y resistencia cultural durante el temprano periodo colonial.

Vienen luego tres artículos que con distintos énfasis abordan las primeras décadas del siglo XX colombiano. Carlos Andrés Quinche mira los avatares políticos de la configuración territorial del país en el quinquenio del general Rafael Reyes, periodo en el que se transformó radicalmente el mapa administrativo heredado de la Constitución de 1886. De esta forma se ilustra el paso de una extrema subdivisión territorial adelantada por Reyes al retorno temporal a los límites territoriales previos al quinquenio de parte de sus oponentes, quienes, a la postre, y por presiones regionales, debieron aceptar la creación de algunos nuevos departamentos.

La celebración del primer centenario de la Independencia en Bogotá desde la perspectiva de los de abajo -los "guaches"- es el objeto del ensayo de Alexander Pereira. En esta puntual reconstrucción histórica de lo ocurrido en la capital el 20 de julio de 1910, resalta la exclusión que vivieron las clases populares en la efemérides patria, algo que la historiografía social intuía, pero de lo cual no había encontrado mayor evidencia empírica para sustentarlo, lo que sí hace en forma cuidadosa el autor.

Por su parte, Laura Cristina Felacio realiza una juiciosa reconstrucción de la creación de la Empresa de Acueducto de Bogotá, en el marco de la tendencia de la época a municipalizar los servicios públicos. Estudia luego los avances y las limitaciones de dicha empresa entre 1911 y 1924, así como el impacto que va a tener en el crecimiento de la ciudad capital.

El último artículo de la sección sobre Colombia se enmarca en la historia de las izquierdas de mediados del siglo XX, tema en el cual José Abelardo Díaz ha hecho previas contribuciones, en especial sobre el Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (moec). En esta ocasión se centra en la temprana biografía de Francisco Mosquera mientras fue militante de dicho movimiento (1958-1969), del que se desprendería el moir (Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario).

Como enunciábamos al inicio de esta presentación, la historia latinoamericana en esta ocasión es abordada por dos ensayos que indagan, cada uno a su manera, sobre visiones distintas de la integración continental en el siglo XX. En el primero, Óscar Javier Barrera analiza la participación mediadora y los intereses de diferentes gobiernos en el conflicto entre Bolivia y Paraguay conocido como la Guerra del Chaco, a mediados del decenio de los treinta. A su juicio, esta guerra ponía en peligro el incipiente panamericanismo que por la época comenzaba a difundirse en América Latina.

El otro lado de la moneda, si cabe la expresión, es el análisis que Fabián Herrera hace del decidido apoyo del gobierno mexicano a la revolución sandinista en Nicaragua a fines de los años setenta. De acuerdo con el autor, con esta nueva política exterior el presidente López Portillo buscaba posicionar a México en el concierto latinoamericano, algo muy distante del proyecto de integración panamericana propiciado por la potencia del norte desde tiempo atrás.

La sección de debates se inicia con un balance crítico de las teorías de modernización realizado por el conocido politólogo uruguayo Fernando López-Alves, radicado en Estados Unidos. Dichas teorías asignaban un papel secundario y poco activo a América Latina, lo cual, a juicio del autor, exige revisión para entender más adecuadamente su papel como constructora de la modernidad occidental. Además, el artículo, ateniéndose a las pautas editoriales del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, es publicado en inglés porque fue enviado en ese idioma. Esperamos seguir contando con contribuciones en inglés, francés o en portugués, para responder a la internacionalización que se propone la revista.

Por último, incluimos tanto la réplica que el profesor mexicano Roberto Breña hace del artículo que escribiera el colega Medófilo Medina sobre la obra de François-Xavier Guerra, en nuestro pasado volumen 37, número 1 de 2010, como una respuesta del mismo Medina a dicha réplica. En su artículo, Breña comparte algunas de las críticas de Medina al conocido historiador francés, pero toma distancia de sus valoraciones, eso sí, señalando la importancia de debatir sobre la obra de Guerra. A su vez, Medina responde cuidadosamente las críticas de Breña y amplía algunos temas que, a su juicio, no fueron bien entendidos en su artículo original. Este ejercicio polémico en buen tono académico es algo que la revista quiere estimular en sus páginas.

El presente número también incluye, como suele hacerlo, una sección de reseñas sobre obras históricas recientemente publicadas. Para finalizar, ratificamos el anuncio que hacíamos en la ocasión anterior: el dossier para el segundo número de este año versará sobre el impacto de la Guerra Civil Española (1936-1939) en América Latina. Desde ya esperamos contribuciones en esa dirección, pero también pueden versar sobre otra temática histórica o historiográfica. También recibimos reseñas y notas bibliográficas de recientes textos históricos.

En este momento estamos actualizando y recomponiendo los comités de acompañamiento del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, en especial el comité científico. De la misma forma, estamos ingresando la revista a índices internacionales con el fin de consolidarla y lograr el reconocimiento que se merece, máxime cuando en 2013 celebraremos sus 50 años de existencia.


MAURICIO ARCHILA NEIRA
DIRECTOR Y EDITOR
Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura