HERACLIO BONILLA (ED.)
La cuestión colonial

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Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Embajada de España en Colombia, Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Independencias Iberoamericanas, Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Acierto Publicidad y Mercadeo. 2011. 644 páginas.

 

En el marco de las celebraciones continentales del bicentenario de los procesos hispanoamericanos de independencia, la Universidad Nacional de Colombia convocó, en noviembre del 2009, a relevantes investigadores a un seminario internacional para reflexionar en torno a la cuestión colonial. Fruto de este encuentro es el compendio de las ponencias, editado por Heraclio Bonilla, en el 2011, bajo el mismo título del seminario. Este libro se incorpora al corpus de monografías y compilaciones surgidas en Colombia en torno a la reflexión bicentenaria de las independencias. No obstante, a diferencia de otras producciones similares, como por ejemplo la compilación Historia que no cesa: la Independencia de Colombia 1780-1830, dirigida por Pablo Rodríguez y editada por la Universidad del Rosario, La cuestión colonial mantiene como enfoque específico, vertebrador de los textos compilados, el "reexamen de la dominación colonial impuesta por Europa sobre los pueblos de las Américas, de África y de Asia desde los inicios del siglo XVI hasta su culminación en el contexto de los grandes movimientos por la descolonización de la segunda mitad del siglo XX".

Cabe por tanto destacar la amplitud cronológica y espacial de los temas recogidos en la compilación con ánimo comparativo e integrador, al contextualizar la colonización en un ciclo mundial, como defiende Manfred Kossok -citado por Medófilo Medina-, o como ya lo señaló el no recordado en el texto Javier Ocampo López, cuando, en 1969, en su Historiografía y bibliografía de la emancipación del Nuevo Reino de Granada, defendió que la Independencia de Colombia estaba inserta en un proceso revolucionario universal que englobaba acontecimientos históricos tan distantes en el tiempo y en el espacio como la Revolución Inglesa, del siglo XVII, las independencias americanas, las revoluciones liberales europeas, del XIX, así como la descolonización asiática y africana, del XX. Por tanto, el principal aporte del texto es insertar la narración, el análisis y los debates en torno al proceso de la independencia colombiana en un marco histórico global que sobrepasa lo local y regional para insertarse en una lógica prácticamente mundial, en cuanto que el colonialismo se dio en aquellos espacios en los que Europa impuso su dominación. Ante dicha amplitud espacial y temporal, el texto ordena las diferentes contribuciones en tres bloques, precedidos de una acertada primera parte introductoria a manos de Heraclio Bonilla y de Beatriz Bragoni, en la que se muestra y justifica el eje transversal de todas las contribuciones. El primer bloque de comunicaciones, correspondiente a la segunda parte del libro, titulada "El Nuevo Mundo", compila una docena de reflexiones en torno a lo colonial en el continente americano
-reivindicado como las Américas, para denotar los diferentes pero coetáneos procesos de independencia y emancipación-, presentando algunas reflexiones en torno a las "colonizaciones de la temprana edad moderna o primera experiencia colonial" bajo la lógica mercantilista lusa, hispana e inglesa, predominante en América durante los siglos XVI y XVIII. El siguiente bloque de contribuciones, titulado "Los otros mundos", acopia ciertos aportes de la segunda y "nueva experiencia de colonización", realizada "bajo la égida del capital", en palabras de Heraclio Bonilla. Por su lado, la última parte, titulada "El legado", está constituida por trece ponencias de difícil agrupación.

La lectura del primero de los bloques permite al lector acercarse a una amplia variedad de usos conceptuales de los términos colonia, colonial y colonización; en cuanto que caben diferentes paradigmas de interpretación. De este modo, se compilan textos que contemplan diferentes ópticas, desde los análisis del debatido Parry Anderson (quien defiende la pobre producción de nuevas ideas o conceptos políticos del movimiento de liberación hispanoamericano; habla del sistema colonial como réplica del señorío feudal europeo, olvidando todo el debate historiográfico en la Península Ibérica sobre si existió o no feudalismo fuera de las fronteras del reino de Aragón, y decide enunciar como "invasión de inmigrantes españoles procedentes de Asturias, Canarias y las tierras vascas" la migración del siglo XVIII) hasta la revisión destacada y aclaratoria que del concepto colonia hace Francisco Ortega. La comunicación de este autor, junto con las siguientes contribuciones de Jak Green y Ángelo Alves Carrara, acierta al aclarar al lector ciertas aristas conceptuales del debate en torno a los términos colonia, colonial e imperio.

También tiene cabida, en la segunda parte de la compilación, el paradigma de interpretación establecido por François-Xavier Guerra, continuado por los historiadores de las revoluciones atlánticas, tanto en el apartado a cargo de Medófino Medina como cuando Georges Lomné nos narra la metáfora de la disolución de las cuerdas de la imaginación. Por su parte, el minucioso análisis del ejército colonial, por parte de Juan Marchena, en este bloque de ponencias queda algo deslavado al no articularse con claridad en el eje vertebrador del seminario y de la línea editorial, en torno a lo colonial. Del mismo modo, la contribución de Javier Tantaleán, que sitúa al lector en la segunda mitad del siglo XVI, no parece encontrar tampoco un lugar en dicha vertebración temática. Finalmente, este bloque se cierra con los textos relativos a México, de Carlos Marichal y Antonio Ibarra, a Brasil, de Ángelo Alves, y a Haití, de Jean Casimir, echándose de menos, ante las expectativas creadas en la introducción, el acercamiento a lo colonial en otros mundos americanos, fuera del ámbito novohispano, luso o neogranandino.

Saurabh Dube introduce adecuadamante al lector en el panorama académico de lo poscolonial y lo subalterno, en el primer texto de la parte titulada "Los otros mundos". El autor muestra con claridad los estudios y perspectivas del pensamiento anticolonialista más reciente, a la vez que reflexiona, breve pero lúcidamente, sobre las culturas coloniales, los sujetos subalternos y los procesos de modernidad. Esta contribución sirve de paraguas teórico y conceptual a las cinco contribuciones siguientes, que reflexionan sobre la cuestión colonial en la India británica (Pradip Kumar Datta), en el Asia francesa, a través del caso de Indochina (Pierre Brocheux) -en el que el autor se detiene acertadamente en la "colonización del imaginario" (idea planteada con anterioridad por Gruzinski)-, y en África, por medio de la reflexión sobre el caso de San Luis de Senegal (Mamadou Diouf) y de Argelia (Benjamin Sota). Estas cinco contribuciones se centran en los sistemas británico y francés, por lo que cabe preguntarse por qué no hablar también de los otros procesos coloniales, que configurarían diferentes Áfricas y Asias -al modo de las Américas-, como el belga, el alemán, el italiano e, incluso, el portugués en Angola y Mozambique o el español en Guinea Ecuatorial y en El Sáhara. Además, con respecto a este segundo bloque de comunicaciones, cabe observar que la última contribución, de William Mathew, relativa al imperialismo británico en Palestina a través de la "anexión y sionización" soslaya sospechosamente el pasado del territorio en cuestión bajo el Imperio Otomano.

La cuarte parte de la compilación, "El legado", retoma con fuerza el debate transversal en torno a lo colonial, pero con ciertas dificultades, al no encontrar un claro denominador común más allá de la conexión de los trece textos a partir de las consecuencias o impronta colonial reconocida en el presente. El primero de ellos es una acertada comunicación de Maurice Godelier, en la que actualiza el debate al afirmar que "la cuestión actual de la descolonización es la nueva ubicación de la identidad a construirse en un mundo moderno globalizado, teniendo en cuenta que esta identidad está siempre en referencia en Occidente". Esta contribución se articula a través de tres conceptos clave, que son identidad, sociedad y cultura, con anclajes en ejemplos espaciales tan variados como Tonga o Arabia saudí.

Esta línea de reflexión en torno a la identidad es continuada por la breve comunicación de Bernard Lavallé, acerca de la creación e imposición de las identidades india y criolla en el Nuevo Mundo; por el texto de Sabine MacCormack, en torno a la dimensión religiosa colonial del siglo XVI, y por la sugestiva aportación de Max S. Hering, en torno a las relaciones raciales en el pasado colonial de la actual Colombia, articuladas en torno a los principios de color, pureza y raza, configuradores de un tipo ideal, de valores sociales y de consecuencias normativas. A continuación, el bloque compilador da voz al "colonialismo lingüístico", por parte de Adelino Braz, seguido de dos contribuciones que, además de adecuadas, no pueden ser obviadas en un panorama política e intelectualmente correcto, que tratan lo colonial desde la perspectiva del género -en cuanto que la "colonialidad" también estuvo presente en la construcción de las relaciones de género (Christine Hünefeldt y Hanni Jalil)- y de las negritudes -en el caso particular del análisis de los afrosaberes en Puerto Rico bajo la dominación colonial española y estadounidense (Ángel G. Quintero Rivera)-.

Tras reflexionar sobre la experiencia autoritaria en la República Dominicana (Frank Moya), la compilación enlaza con los años posteriores a la Independencia para analizar la población latinoamericana después de los procesos de ruptura con la metrópoli (Herbert S. Klein). Este abrupto cambio temático desconcierta a un lector obligado a pasar del presente caribeño al siglo XIX, y del análisis cualitativo a la precisión cuantitativa. Es en este preciso momento cuando la articulación de la compilación, sin perjudicar la profundidad y el rigor de los temas tratados, comienza a diluirse por su amplitud temática: Javier Iguíñiz trata de "relacionar la configuración económica actual del Perú y de América Latina con la experiencia colonial", Itala De Maman y Luis Oporto se aproximan a la descolonización boliviana, Nadja Vuckovic trata las posibles reparaciones coloniales desde el ámbito jurídico y, finalmente, Emir Sader reflexiona en torno a las condiciones presentes de los países excolonias para desarrollar procesos de independencia real económica, política, social y cultural, finalizando con la conmemoración de que "América Latina empieza a cuestionar, no solo teórica sino políticamente, los más profundos impactos del colonialismo".

Valgan para finalizar dos consideraciones: por un lado, en cuanto que el libro reseñado es producto de un seminario que congregó "experiencias coloniales que superan el antiguo orbe indiano", se echa en falta estudios en torno al imperialismo ruso, estadounidense y japonés, así como las experiencias coloniales canadiense, australiana y neozelandesa, radicalmente distintas a las analizadas en la compilación; por otro lado, tal vez sería enriquecedor darle también cabida al análisis de los efectos, no siempre positivos, de lo colonial en los centros de poder metropolitanos. Mencionados estos dos aportes, solo cabe concluir mostrando respeto a esta admirable compilación.


RICARDO DEL MOLINO GARCÍA
Universidad Externado de Colombia, Bogotá